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COMIENZO

Hola, Elena.

Unas manos cansadas trabajan en un yacimiento arqueológico. Tierra, polvo, nada. La monotonía rítmica de la piqueta. Tedio, polvo, nada. Y soy yo la voluntaria que trabaja aburrida bajo el sol. Y bostezo. Y la piqueta es el ratón y el ritmo lo da el clic que abre documentos de google drive. Mis documentos antiguos, o no tanto. Pero siempre documentos olvidados. 

Ayer estuve husmeando en mis archivos. Buscaba algo pero encontré otra cosa. ¡Un hallazgo arqueológico! Encontré unos articulitos que escribí en tiempo de pandemia. Me sorprendieron muchísimo porque no recordaba haberlos escrito, y eso que son relativamente recientes. Me asusta mi mala memoria. ¿Cómo puedo no recordar ese proyecto de escritura que duró cinco semanas? Recuerdo tantas otras cosas inútiles, dolorosas, absurdas…

El proyecto además está bien documentado: «He tardado alrededor de dos horas de una mañana de sábado…». Y aunque no recuerdo el momento de la escritura, sí me reconozco en todo lo que cuento. Temas recurrentes a los que vuelvo en mis cuadernos. 

Aquí estoy recomenzando ese proyecto de escritura semienterrado. Mi estrategia para no olvidarme es mantenerlo en la superficie. En un blog. Discreto. 

Y esto es lo que he encontrado en el inicio del documento rescatado, una declaración de intenciones que ya hoy voy a traicionar 🙂 

«Quiero escribir. Siento un impulso hacia la escritura que no acabo de resolver. Me atrae, me divierte, me alivia, pero no tengo un hábito. No busco ser escritora, pero sí siento que necesito poner sobre el papel algunas cosas. Este proyecto busca ordenar mis pensamientos a través de pequeños artículos, y también el simple paso hacia adquirir hábito de escritura. Aún no sé qué temas tratar, ni qué tono, ni qué formato. Serán pequeños experimentos para desarrollar las ideas. ¿Podría publicarlos más adelante? No lo sé, pero tengo claro que de momento solo quiero escribir para mi, sin pensar en un lector que me juzgue, o tener que gustar.  No me veo con fuerza para afrontar esa presión extra. Sólo quiero empezar a escribir. Puedo imaginarme un solo lector para mis escritos. Quizá esto me ayude a perfilar el modo de hacerlo. Puedo escribir cartas a una Elena de 19 años, contarle algunas cosas que he descubierto ahora. Mi lectora imaginaria será mi yo de 19 años. Hola Elena.»

Así que esto es, de esto se trata. De escribir sobre cosas. De entenderme.

Aquel texto se titulaba ‘Un proyecto autodidacta en peligro de desvanecimiento’ y analizaba cómo y porqué los proyectos que me propongo corren el riesgo de hundirse en arenas movedizas. Allí, en ese espacio de letras, intentaba comprender el motor de todo, la raíz del compromiso, los problemas que lo hacían peligrar, los fallos de planteamiento y algunas soluciones que podrían ayudarme a reflotarlo. Puede que lo comparta aquí más adelante, aunque quizá es demasiado concreto en cuanto a acciones y detalles, y demasiado personal también. Bueno, ya veré. 

Y al final, encontré este cierre (que es lo que de verdad me ha hecho recoger este proyecto con tanto cariño):

«Ha sido un placer escribir este articulito, el primero. He tardado alrededor de dos horas de una mañana de sábado. Antes, en mi cuaderno había escrito a grandes rasgos de qué podía tratar. Espero que la próxima semana haya otro. Así iré envejeciendo semana a semana, mientras tú, Elena de 19 años, me lees desde la incomprensión de 1999.»

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Por Elena H.

Elena nació en Madrid, en el siglo XX. Un día, ya en el siglo XXI, descubrió que en una constelación lejana, a unos 3.000 años luz del planeta Tierra, existía una nebulosa planetaria cuyo nombre es Hormiga. Desde entonces vive un poco aquí y un poco allá. En los trayectos, como son largos, se dedica a dibujar.

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